miércoles, 26 de mayo de 2010

CUANDO SE RETOMAN LOS CAMINOS QUE COMUNICAN AL ORIENTE

El Río Negro es la más importante fuente hídrica del municipio de Rionegro por lo que se constituye en uno de los bienes patrimoniales de carácter ambiental, de mayor cohesión territorial de la subregión Altiplano del Oriente Antioqueño. Históricamente, esta fuente dividía el Valle en dos: El Valle de Llano Grande y el Valle de San Nicolás.

Nace un poco al sur de la región y por el costado oriental de la cordillera de Las Palmas, a unos 2.800 msnm (metros sobre el nivel del mar), en el Cerro Vaca. Corre en dirección nordeste y es alimentado por el lado derecho por las quebradas del Hato, la Pereira y Cimarronas. Por la izquierda, recibe las quebradas Tablazo, Tablacito, Chachafruto, Malpaso, La Mosca y La Porquera.

En su nacimiento se le conoce con el nombre de Río Pantanillo y alimenta la represa de La Fé con los caudales de los ríos Buey y Piedras. A partir de esta represa toma el nombre de Río Negro y en la parte de Santa Rita toma el nombre de Nare.

Mucho antes de que la producción de lo local de los municipios del Oriente cercano se volcara fuertemente al oficio artesanal y tuviera una posterior vocación ganadera, comercial e industrial, se desarrolló primero el trabajo de la tierra, con la minería y la extracción de oro. Al respecto afirma Víctor Álvarez:

Ya a mediados del siglo XVII, trabajaban en Guarne, en la quebrada de La Mosca, los yacimientos del Rio Negro y en la quebrada de Piedras Blancas, varias cuadrillas de mineros esclavos en la explotación de oro[1].

Esto, debido a la crisis que tuvo para entonces Santa Fe de Antioquia, Cáceres y Zaragoza en la extracción de este mineral, hizo que el trabajo de la minería comenzara a desplazarse hacia el Oriente Antioqueño. No obstante, los grandes propietarios de la época se vieron en la necesidad de diversificar sus inversiones a consecuencia de la disminución en la producción aurífera (oro). De esta manera, la explotación agraria y el trabajo agrícola empezó a sustentar una economía hasta entonces, esencialmente minera. Para finales de siglo, la construcción de diferentes carreteras y rutas comerciales que comunicaban al Oriente con Medellín, (San Carlos, Marinilla, El Peñol, Guatapé, entre otros) comenzaron a ubicar a Rionegro en un lugar estratégico como sitio de paso obligado en las diversas actividades productivas y comerciales del departamento y la región.

Ahora bien, lo que sucede con la transformación de nuestro territorio y la vulnerabilidad prospectiva de nuestro patrimonio ambiental, es decir, “categorías mentales humanas construidas con criterios de valoración también humanos de los fenómenos naturales[2], es que con gran frecuencia expresiones excepcionales de la naturaleza como productos de la acción consciente, colectiva y realizada a lo largo de varias generaciones por los diversos grupos humanos que han habitado este territorio. Este hecho nos prende luces de atención y nos pone inevitablemente en la tarea de conocer, valorar, resignificar y conservar nuestro legado cultural, que se conviertan en acciones colectivas de dialogo y construcción emancipadora de la Región.

“El Patrimonio Cultural de la Nación está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular.”

(Ley 397 de 1997, Ley General de Cultura)




[1] Tomado del libro Proyecto Plan de Inserción de la Universidad de Antioquia en las Regiones 2001-2010). Págs. 10, 11, cita de (Álvarez: 1988. 55-56)

§ [2] UNESCO. Convenciones y Recomendaciones de la UNESCO sobre la protección del patrimonio cultural, Lima, Editorial Gráfica Pacific Press, 1986.

martes, 18 de mayo de 2010

DE LA INQUIETUD AL CAMBIO

Si William Ospina sueña con un país donde tantos talentosos artistas, músicos y danzantes, actores y poetas, pintores y contadores de historias, dejen de ser figuras pintorescas y marginales, y se conviertan en voceros orgullosos de una nación, en los creadores de sus tradiciones; ¿por qué no darle un empujón con iniciativas regionales, un tanto revolucionarias y bastante soñadoras, que pretendan cambiar comportamientos desde el surgimiento de nuevos conceptos y significados para concebir el mundo? Si equivocadamente la noción de desarrollo de una región se ha reducido a una visión netamente de la infraestructura, si el crecimiento de los pueblos se mide sólo con el tanque de un carro para cemento y el enfoque de lo exterior como dios supremo que debe aniquilar identidades permanece; ¿cómo poder modificar este nefasto imaginario? Son entonces las nuevas generaciones, los nuevos pensamientos entrelazados por la cultura los encargados de crear movimientos; perspectivas que aunque apenas están floreciendo, dan cuenta de las necesidades de la región fortaleciendo la capacidad humana de crear e interpretar.

Los jóvenes deben buscar fomentar los espacios que le den importancia a las expresiones artísticas, para lograr que se consolide el reconocimiento del sujeto en la participación en los asuntos que le rodean. Se tiende a esperar un cambio en nuestra sociedad que tenga que ver con la destinación de miles de millones, de cualquier moneda, en seguridad, en la importancia de desaparecer la extrema pobreza que ataca a nuestros pueblos por medio de la ignorancia; pero poco en la necesidad que se tiene de participar en una revolución de pensamiento que conlleve a conocer puntos estratégicos donde el individuo del común hace visible su pensamiento a través de la cultura como ente transformador de realidades.

Pero, ¿sólo se transforma desde la experiencia? y ¿esa experiencia sólo la dan los años? Los años dan conocimiento, pero no la certeza de contribuir con éste al cambio que requiere nuestra sociedad; la verdadera experiencia que enriquece pueblos es la que observa y analiza de forma crítica al estar en contacto con las razones que originan el problema y no con la simple sátira que hiere.

Es hora de que todos seamos voceros de la sociedad, de dar testimonio y brindar la información suficiente con la que el ciudadano pueda conocer su realidad. No más quejas, más acción.